Calidad de la educación
El debate sobre la calidad de la educación en Venezuela alcanza niveles importantes de incesante dinamismo y fecundidad. A diario se copan los escenarios de la discusión pública, con ideas, visiones y alternativas que de una u otra manera contribuyen a redimensionar o enriquecer la dinámica misma del proceso educativo. Es evidente que nadie se opone al mejoramiento continuo y progresivo de la calidad educativa, porque la optimización del mismo viene a ser la esperanza común de todos los ciudadanos. Todos quisieran un sistema escolar marcado por la calidad y eficiencia, como una manera de construir la sociedad y al hombre del presente y del futuro. Es por eso que los actores involucrados directa o indirectamente en el proceso de educar generaciones siguen aportando ideas para discutir, propuestas para actuar, estrategias para mejorar o transformar, proyectos para innovar y/o innovaciones para ensayar. Lo único cierto es que la temática es demasiado compleja y exige altos niveles de comprensión para avizorar salidas racionales, efectivas y eficaces.
Todo mundo está conteste en que la calidad de la educación se viene erosionando desde hace tiempo, a pesar de que aumentan las posibilidades académicas en universidades y pedagógicos, con matrículas y carreras en todas las especialidades. A veces resulta cuesta arriba entender la paradoja. El recurso humano se profesionaliza y perfecciona, pero el producto decae. ¿No será que la educación se ha convertido en un negocio, manejado con criterio mercantilista, en el cual no importa la calidad del egresado, sino el pago por matrícula, mensualidad y créditos a cursar? Esta no es la única causal. De hecho, la pérdida de calidad en la educación obedece a múltiples factores estructurales y coyunturales. Algunas causas son propias al sistema, pero otras provienen desde entorno externos. El achaque mutuo pareciera ser la tónica predominante a la hora de definir responsabilidades. Es por eso que resulta hasta necio enumerar las posibles fallas en el sistema educativo.
Más importante y fecundo es buscar salidas y soluciones viables, concebidas en dimensión integral, para atacar el problema por todos los flancos y evitar el colapso progresivo y sistemático de las estructuras y organizaciones educativas. Lejos queda esta crónica de pretender erigirse en baremo para superar la situación problemática. Lo que se quiere es llamar la atención contra los análisis triviales y parcializados, carentes de objetividad y pergeñados de altas dosis politiqueras. La optimización de la calidad educativa es el resultado de una función administrativa enmarcada en un proyecto de país coherente, visionario, transformador y justo, consustanciado con la realidad emergente de una nación que no se rinde ante la adversidad y busca caminos hacia la grandeza. Es cierto que la calidad educativa se vino degradando en las últimas décadas, pero no es menos cierto que es tarea de todos marcar un punto de inflexión en la tendencia y redimensionar el proceso hacia otros derroteros organizativos, con mecanismos participativos y democráticos que coadyuven a la estructuración de un sistema acorde con la realidad de Venezuela. Cada quien pone su grano de arena..
El debate sobre la calidad de la educación en Venezuela alcanza niveles importantes de incesante dinamismo y fecundidad. A diario se copan los escenarios de la discusión pública, con ideas, visiones y alternativas que de una u otra manera contribuyen a redimensionar o enriquecer la dinámica misma del proceso educativo. Es evidente que nadie se opone al mejoramiento continuo y progresivo de la calidad educativa, porque la optimización del mismo viene a ser la esperanza común de todos los ciudadanos. Todos quisieran un sistema escolar marcado por la calidad y eficiencia, como una manera de construir la sociedad y al hombre del presente y del futuro. Es por eso que los actores involucrados directa o indirectamente en el proceso de educar generaciones siguen aportando ideas para discutir, propuestas para actuar, estrategias para mejorar o transformar, proyectos para innovar y/o innovaciones para ensayar. Lo único cierto es que la temática es demasiado compleja y exige altos niveles de comprensión para avizorar salidas racionales, efectivas y eficaces.
Todo mundo está conteste en que la calidad de la educación se viene erosionando desde hace tiempo, a pesar de que aumentan las posibilidades académicas en universidades y pedagógicos, con matrículas y carreras en todas las especialidades. A veces resulta cuesta arriba entender la paradoja. El recurso humano se profesionaliza y perfecciona, pero el producto decae. ¿No será que la educación se ha convertido en un negocio, manejado con criterio mercantilista, en el cual no importa la calidad del egresado, sino el pago por matrícula, mensualidad y créditos a cursar? Esta no es la única causal. De hecho, la pérdida de calidad en la educación obedece a múltiples factores estructurales y coyunturales. Algunas causas son propias al sistema, pero otras provienen desde entorno externos. El achaque mutuo pareciera ser la tónica predominante a la hora de definir responsabilidades. Es por eso que resulta hasta necio enumerar las posibles fallas en el sistema educativo.
Más importante y fecundo es buscar salidas y soluciones viables, concebidas en dimensión integral, para atacar el problema por todos los flancos y evitar el colapso progresivo y sistemático de las estructuras y organizaciones educativas. Lejos queda esta crónica de pretender erigirse en baremo para superar la situación problemática. Lo que se quiere es llamar la atención contra los análisis triviales y parcializados, carentes de objetividad y pergeñados de altas dosis politiqueras. La optimización de la calidad educativa es el resultado de una función administrativa enmarcada en un proyecto de país coherente, visionario, transformador y justo, consustanciado con la realidad emergente de una nación que no se rinde ante la adversidad y busca caminos hacia la grandeza. Es cierto que la calidad educativa se vino degradando en las últimas décadas, pero no es menos cierto que es tarea de todos marcar un punto de inflexión en la tendencia y redimensionar el proceso hacia otros derroteros organizativos, con mecanismos participativos y democráticos que coadyuven a la estructuración de un sistema acorde con la realidad de Venezuela. Cada quien pone su grano de arena..
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