viernes, 27 de diciembre de 2013

Encuentro Político

Opinión - 27 diciembre, 2013 | 12:00 AM


Encuentro político


El resultado electoral del pasado 8 de diciembre dejó a ciertos liderazgos de la oposición en estado de extrema confusión y desconcierto. Al no verse  cumplidos los objetivos nacionales propuestos en la campaña, se vieron  obligados a decir cualquier disparate para salir del paso, aunque sin reconocer  formalmente los resultados. La convocatoria del presidente
Nicolás Maduro a la mesa de diálogo político tuvo eco entre gobernadores y alcaldes de oposición. Con este gesto, las nuevas autoridades le daban validez al escrutinio de las urnas. Eso terminó por desencajar a quienes no quieren  entrar en el juego limpio de la democracia. Ellos prefieren quedarse rezagados y aislados en las islas de la intolerancia, la desunión y el capricho, como  náufragos moribundos, mientras el país reclama diálogo, unidad y  conciliación. Lo más importante del encuentro es que los radicales de bando y bando quedaron sin fuerzas y sin pretextos para invocar la confrontación.
Obviamente, ahora se plantea el reto de darle continuidad a estas tareas.
Una mesa de diálogo es un ejercicio de valentía y honor. No es para que el liderazgo representativo de la mayoría se imponga, humille y  empequeñezca al adversario. Tampoco es para que la minoría se arrodille, claudique o entregue las banderías políticas. Eso lo entendió la mayoría de los asistentes al encuentro, excepto algunos personajes bastante desubicados. Pero la misma dinámica de la reunión se encargó de poner a cada quien en el justo lugar. El presidente Nicolás Maduro, sin duda alguna, logra fortalecer el piso de la legitimidad política, disipar la teoría del fraude e incrementar el  reconocimiento nacional e internacional. Algunos gobernadores o alcaldes  logran posesionarse ante la opinión pública como figuras alternativas y  emergentes en el liderazgo opositor. Otras autoridades electas lograron  demostrar que la polarización política del país no se sufre a muerte en los  municipios del interior. Los únicos perdedores son los que por terquedad no asistieron a la reunión y luego buscaron pretextos para justificarse.
La experiencia del diálogo, en el marco del ambiente postelectoral y  prenavideño, permitió conjugar la comunión de intereses de los venezolanos y dejó una estela de gratas sensaciones para el pueblo en general, excepto para los recalcitrantes de oficio. Evidentemente, se necesita madurez política para asumir con responsabilidad la tarea de conducir al pueblo, o al menos a una parte de él, por los caminos de la concertación, la armonía y la unidad. Si  alguien no lo entiende así, si algunos falsos liderazgos no son capaces de dar un paso al lado para que prospere la paz, entonces, la propia dinámica social del país se encargará de aislar aún más a los pregoneros de la desgracia, a los promotores del odio, a los cultivadores de la discordia, a los enemigos de la paz y del país. La mayor parte de los venezolanos apuestan el próximo año a la continuación del diálogo y la concertación, en un clima de respeto,  tolerancia y esperanza. Por nuestra parte, deseamos un venturoso año nuevo para todos los lectores.
josegarmo@yahoo.com
 


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